Posts Tagged ‘dolor’

Temo.

10/27/2008

Temo que algún día no pueda contemplar tu cara, cada vez que quieras ver la mía…
Temo que alguna vez no pueda besarte, cuando tu quieras hacerlo…
Temo que siempre temas el dolor que te causaría mi dolor al temer por los dos…
Temo que tus ojos no me miren, que tus labios no me besen, que tus manos no me toquen… pero sobretodo, temo que no temamos el perdernos.

pb

Una curita en la vena…

08/23/2007

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El hombre llegó temprano a la consulta. No le importó durar 2 horas y media en un tapón, dizque por los trabajos de una zanja, y el inicio del año escolar.

La noche anterior durmió mal y poco. Le dolía el cuello.

– ´…número 14´ – dijo una melosa voz por el altoparlante, ubicado sobre la cabeza del hombre. 

– ´Dios santo!, soy el 23´ – pensó.

Se entregó a la tranquilidad que ofrecía el lobby de una clínica en Sto. Dgo. Pasillos limpios, camillas con sábanas blancas, recepcionistas bellas y doctores con manos rosadas.

– ´Aquí me curaré´ – dijo para sí, y el sueño le venció.

***

´… tengo una curita en la vena, para que tu amor no me duela, si ha de salir…´ susurró, cuando un ángel vestido de enfermera, le indicó que había llegado su turno.

Minutos después, se encontraba ante el doctor que le atendería.

– Buen día caballero, dígame que le sucede? – preguntó el galeno.

– Doctor, estoy muy mal. Tiene que ayudarme – dijo el hombre, con los labios resecos y agrietados.

– Pero dígame que le pasa?

– Estoy enfermo de amor!!!

El doctor, apretando un botón sobre el escritorio, dijo: Señorita, el siguiente paciente por favor.

– Pero dígame, no puede hacer nada por mí – preguntó el hombre, muy desesperado.

– No. Eso no se cura. Sepa ud que el día que el amor se cure, en caso de que sea declarada una enfermedad, las personas nacerán sin corazón.

El hombre, lloró. No porque su mal no tuviera cura, sino porque desde entonces vagó errante, y se sintió miserable por no reconocer que en verdad no padecía un mal. Más bien, gozaba de un privilegio.

Desde entonces, amó. Y ni un solo segundo se sintió cursi, al regalar flores, al recitar poemas, al dedicar canciones.

Todavía anda por ahí, cuentan. De hecho, anoche lo vi en la zona colonial, y hasta una sonrisa le regaló a una estrella vestida de niña.

pb